dos lunas
Me quedan cosas por decirte.
Tal vez importen.
Tal vez no.
Me quedan un par de tardes colgando, donde dos tazas de café se enfrían sobre la mesa. Quedan sobre el sillón las horas que duraban todas esas películas que salvaron la tarde de ser aburrida. Acá, en mi ropero, voy a guardar dos lunas. Una, la que debió salir la noche que nos conocimos, la otra, por la que ya no vamos a volver a estar juntos. Dentro de un frasco están las cenizas de todas las cartas de amores pasados que quemaste. En tu casa, al lado de tu cama, quedan las preguntas absurdas que no nos llevaron a ninguna parte, pero que nos llevaron a permanecer juntos. En mi mesa de luz, las flores muertas que nunca llegue a regar. ¿Algún día volveremos a vernos? Me repito esa pregunta todos los días. Faltaba mucho por escribir en nuestra historia. A vos te faltan saber algunas cosas que no llegue a decirte. Por ejemplo, que pese al adiós y a los meses que llovieron, sigo pensando cómo sería tenerte cerca. Pienso en lo lejos que te fuiste y lo feliz que sos y me alegro. Pero tengo que admitir, que cierto egoísmo me invade, como si algo que era mío hubiese sido robado. Sé que no sos mío. Es simplemente que parte de lo que fui se quedó en tu piel.
Nos queda un quizá, un tal vez, un mañana. Estoy convencida que ambos aprendimos a conformarnos con menos de lo que tuvimos. A querer menos de lo que vos y yo lo hicimos juntos.
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